El valor de dejarse encontrar por Cristo: Lecciones de las nuevas ordenaciones para nuestra vida de fe

Sacerdotes arrodillados ante el altar durante su ordenación en Madrid, como muestra de fe y entrega a Cristo

En el caminar de nuestra fe, a menudo caemos en la tentación de pensar que somos nosotros quienes, con nuestro esfuerzo, oraciones y voluntad, buscamos a Dios de manera incansable. Sin embargo, la reciente alegría compartida en la Archidiócesis de Madrid este 2026, con la ordenación de 17 nuevos sacerdotes, nos devuelve una verdad mucho más profunda y consoladora: la vida cristiana consiste, ante todo, en dejarse encontrar por Cristo.

Estos 17 hombres, de orígenes y trayectorias diversas, no han llegado al altar por una simple decisión profesional o un impulso de filantropía. Su paso es el resultado de un encuentro personal que lo cambió todo. Como se recordó durante la ceremonia en la catedral de la Almudena, el sacerdocio —y por extensión, toda vocación cristiana— no es una conquista propia, sino la aceptación de una invitación que Dios lanza primero.

El Dios que nos busca en el camino

A veces, en el ajetreo de nuestra vida cotidiana, entre el trabajo, los estudios y nuestras preocupaciones, nos sentimos como los discípulos de Emaús: caminamos tristes, hablando de nuestras derrotas, sin darnos cuenta de que Alguien camina a nuestro lado. La gran lección de estas nuevas ordenaciones es que el Señor nunca deja de salir a nuestro encuentro, incluso en los momentos de mayor incertidumbre.

El cardenal José Cobo subrayaba en la homilía que estos nuevos presbíteros son testigos de que Dios sigue llamando hoy, en pleno 2026, a pesar de los ruidos del mundo. Dejarse encontrar implica vulnerabilidad; requiere bajar las defensas y permitir que la mirada de Jesús atraviese nuestras máscaras. Es en esa desnudez espiritual donde la verdadera vocación florece.

Tres lecciones de las nuevas ordenaciones para tu vida diaria

No todos estamos llamados al orden sacerdotal, pero todos compartimos la misma llamada a la santidad. El testimonio de estos jóvenes nos deja claves valiosas para nuestro día a día:

Un sí que genera esperanza en 2026

En un contexto social donde los compromisos para toda la vida parecen escasear, ver a un grupo de hombres jóvenes postrarse en el suelo del presbiterio es un signo de contradicción y, a la vez, de una belleza arrolladora. Es la prueba de que el Evangelio sigue siendo joven y de que el encuentro personal con Jesucristo sigue teniendo el poder de transformar una vida entera.

Para quienes formamos parte de comunidades de retiros como Emaús o Effetá, esta noticia nos resuena con especial fuerza. Sabemos que un fin de semana puede ser el inicio de ese "dejarse encontrar". Pero el reto no termina al bajar de la montaña; el reto es mantener el corazón abierto cada mañana, permitiendo que Cristo sea quien lleve el timón de nuestra barca.

Oremos por estos nuevos sacerdotes y por todas las vocaciones que están germinando en nuestras comunidades. Que su testimonio nos ayude a recordar que Dios no elige a los capacitados, sino que capacita a los que elige y, sobre todo, a los que se dejan encontrar por Su amor infinito.

Puedes conocer más sobre los procesos de discernimiento y la formación sacerdotal en la web oficial de la Conferencia Episcopal Española o consultar los recursos de la Archidiócesis de Madrid.

Preguntas frecuentes

Q: ¿Qué significa dejarse encontrar por Cristo?

A: Significa abandonar la idea de que debemos ser perfectos para acercarnos a Dios y, en su lugar, abrir nuestra realidad —con sus luces y sombras— a su misericordia, permitiendo que sea Él quien tome la iniciativa en nuestra vida espiritual.

Q: ¿Por qué es importante el testimonio de los nuevos sacerdotes para los laicos?

A: Porque nos recuerda que Dios sigue actuando en el mundo actual y que el compromiso radical por el Reino es posible y fuente de alegría, animándonos a vivir nuestra propia vocación con mayor entrega.

Q: ¿Cómo puedo discernir mi propia vocación en el día a día?

A: El discernimiento requiere oración constante, acompañamiento espiritual y estar atentos a las mociones del Espíritu Santo en los acontecimientos cotidianos y en las necesidades de los demás.

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